Ciudad fría,
ciudad muerta,
sin autos que me persigan,
sin locos en cada esquina.
Un castillo abandonado
esconde gritos de piedra
entre las hojas amarillas
que dejó la tormenta.
Esta oscuridad,
este silencio de mierda
me traen de regreso
al calabozo de la ira,
a la celda del exilio
donde sus secos dedos
me atormentan y enmudecen.
lunes, 20 de agosto de 2007
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